martes, 16 de mayo de 2017

¡OH QUE AMIGO NOS ES CRISTO!

Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino (v. 18). Génesis 14:17-24 El poeta Samuel Foss escribió: «Déjame vivir junto al camino y ser amigo del hombre» (The House by the Side of the Road [La casa junto al camino]). Eso es lo que quiero ser: un amigo para los demás. Quiero estar junto al camino, a la espera de los viajeros cansados. Quiero buscar a los que han sido maltratados, que llevan la carga de un corazón atribulado y desilusionado. Deseo sustentarlos y renovarlos con una palabra de ánimo antes de despedirlos. Quizá no pueda «arreglarlos» a ellos o sus problemas, pero puedo dejarles una bendición. Melquisedec, rey de Salem y sacerdote, bendijo a Abram cuando este regresó cansado de una batalla (Génesis 14). Una «bendición» es algo más que un buen deseo. Bendecimos a los demás cuando los llevamos a Aquel que es la fuente de toda bendición. Melquisedec bendijo a Abram, diciendo: «Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra» (v. 19). Podemos bendecir a otros orando con ellos, y llevarlos con nosotros al trono de la gracia para encontrar ayuda en tiempo de necesidad (Hebreos 4:16). Tal vez no podamos cambiar sus circunstancias, pero podemos mostrarle a Dios. Es lo que hace un verdadero amigo. Jesús, enséñanos a ser un amigo para los demás, como tú eres nuestro amigo. Una gran parte de amar es escuchar.

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