viernes, 30 de mayo de 2014

CARACTERÍSTICAS DE LOS HOMBRES QUE VOLARÁN CON EL SEÑOR

ENOC: ¿Qué sabemos de Él según las Escrituras? Génesis 5:21-24 "Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció porque le llevo Dios". Hebreos 11:5 5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Judas 1:14-15 14 De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, 15 para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él. Con los datos que tenemos comencemos a observar su trayectoria acá en la tierra: A los 65 años engendra a Matusalén, luego caminó con Dios. ¿Qué quiere decir que caminó con Dios? Dice Amos 3:3 ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo? Quiere decir que no puede haber verdadero compañerismo entre dos personas a menos que ellas convengan en verdades fundamentales y tengan un alto conocimiento entre ellas para que exista la confianza.. De modo que los seres humanos no pueden tener una verdadera relación con Dios a menos que lo conozcan y acepten su palabra estando completamente de acuerdo en un todo. Sería vivir en crisis continua ser creyente y al mismo tiempo no aceptar la voluntad de Dios, resultaría contradictorio decir que andamos con Dios cuando hay áreas de nuestras vidas en las que no lo tenemos en cuenta para nada a Él. ¿Qué frutos de obediencia vemos? Engendró un hijo que vivio más que todos los hombres: 969 años, no cabe dudas que el modelo de padre que le presentó a su hijo influyó muchísimo para que éste siguiera sus pasos pensando quizás que Dios también en cierto momento se lo llevaría a él, amando a Dios, atendiendo su voz y siguiéndole a él; porque Él es vida para todos, y prolongación para nuestros días(Deuteronomio 30:20). Hay otra palabra muy puntual sobre la largura de días dichas por el Señor Jesús a Pedro momentos antes de su ascensión...cuando le preguntó sobre el discípulo amado que pasaría...y Él le contestó que si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿que a tí? Estamos hablando de un discípulo que amaba a Jesús con todas sus fuerzas y andaba para todos lados con él. También Enoc cumple con ese maravilloso mandato con bendición del Señor...: Fructificad y Multiplicaos, estuvo trescientos años engendrando hijos e hijas..., ahora, obviamente se trata de hijos e hijas espirituales, pero bueno, lo que Él sabía que tenía que hacer lo hacía era un verdadero Patriarca de Dios y por consiguiente a éste tipo de persona Dios se la lleva con Él no permite que sufran más afligiendo su alma entre los impíos y mucho menos que vean la muerte. Pero antes les da testimonio de que con sus actitudes le están agradando a Él. ¡Que hermoso! Y como broche final no sólo con su ejemplo y enseñanzas se movía sino que además predicando con firmeza y claridad de los juicios que se vendrían por la maldad. Este tipo de persona, obrero, creyente, ministro, etc. vuelan como las águilas hasta la presencia del Señor. ¡Gloria a Dios!

jueves, 29 de mayo de 2014

NO QUERÍA SABE NADA CON DIOS

Sara Miles no quería ser cristiana. Anne Lamott no quería ser cristiana. C. S. Lewis no quería ser cristiano. Tampoco R. A. Torrey, Ziya Miral, Lin Yutang, Jim Vaus, o una docena de otros que podría nombrar. ¿Cómo encuentran las personas a Dios cuando están huyendo de Él lo más rápido que pueden? Quienes hemos sufrido angustias en nuestro peregrinaje espiritual, sabemos que es bastante difícil encontrarlo aunque se le busque con todas las fuerzas —orando, leyendo la Biblia, escuchando sermones, buscando la dirección de amigos cristianos y pastores. Por tanto, ¿qué esperanza hay para aquellos a quienes simplemente no les interesa Dios? ¿Qué de aquellos que son agresivamente hostiles hacia Él, o que ni siquiera creen que Dios existe, o que detestan tanto a los cristianos y al cristianismo, que se sentirían horrorizados de pensar que pudieran tener alguna relación con tales personas? Mientras escribía un libro sobre la duda y la fe, estudié decenas de historias de conversión, y entrevisté a muchas personas acerca de la manera en que llegaron a la fe en Cristo. Algunas de las historias más sorprendentes fueron las de convertidos que no sólo encontraron a Dios, sino que además se sintieron buscados por Él. Sara Miles no sentía simpatía por los cristianos. Ella se describe como "una intelectual secular, periodista de izquierda y de conducta escéptica". Aunque sus abuelos fueron misioneros cristianos, sus padres rechazaron lo que veían como "el totalmente irracional e ilógico concepto" de Dios, y criaron a su hija en un hogar ateo. Ella detestaba la mayor parte de lo que asociaba con el cristianismo.1 ¿Qué podía ofrecerle el cristianismo? ¿Por qué pensar en cambiar su vida y enfrentarse a las burla de su familia y amistades, por creer en Dios? Anne Lamott tampoco parecía una candidata posible para el cristianismo. Al igual que Sara Miles, creció en una familia de ateos, donde se ridiculizaba la fe en Dios. Como adulta, Lamott tuvo éxito como novelista, pero también se enredó en la drogadicción, el alcoholismo, la bulimia, y en relaciones destructivas. Sus amigos eran personas "brillantes, divertidas y liberales", pero incapaces de aceptar que alguien de su círculo se convirtiera al cristianismo. Aparece Jesús y todo cambia Ambas mujeres se hicieron cristianas, pero ninguna de ellas había buscado a Dios. Por el contrario, ellas afirman que fue Él quien las buscó, y de que su presencia no fue siempre recibida con agrado. Como otro ex inconverso reacio, C. S. Lewis, dijo: "Los buenos agnósticos hablarán alegremente de ‘la búsqueda de Dios por parte del hombre'. Para mí, como era yo entonces, bien podrían haber hablado de la búsqueda del gato por parte del ratón".2 Cuando Anne Lamott sintió la presencia de Jesús en su habitación, estaba en condiciones irreverente. En el día había tenido una crisis por el alcohol y las drogas. Al llegar la noche, creyó que moriría pronto, pero "de no se sabe dónde" le pasó por la mente hablar con un sacerdote de una iglesia episcopal cercana de la cual le habían hablado algunos amigos de la familia. Sus conversaciones con el sacerdote la ayudaron a acercarse más a la fe, y poco después comenzó a asistir a la Iglesia Presbiteriana de San Andrés, porque le gustaba la música que oía cuando pasaba frente a ella los domingos por la mañana. Se quedaba sólo para oír la música, y se marchaba antes de que comenzara el sermón. Poco tiempo después Anne quedó embarazada, se practicó un aborto, y fue allí cuando Jesús se le presentó. Debilitada por la hemorragia y temblorosa, sintiéndose miserable y demasiado perturbada para tomar otra copa o una pastilla para dormir, yacía en la cama cuando se percató de que había alguien en la habitación con ella. "La sensación fue tan fuerte, que encendí la luz por un momento para asegurarme de que no había nadie —por supuesto que no lo había. Pero después de un rato, estando de nuevo en la oscuridad, supe más allá de toda duda que era Jesús. Lo sentí con tanta seguridad, como siento ahora la presencia de mi perro junto a mí al escribir esto". Pero en ese momento no le dio cabida a Dios en su vida. Estaba "horrorizada" de lo que pensarían sus amigos si se hacía cristiana. La conversión le parecía "algo imposible que simplemente no podía permitir que ocurriera. Me volví hacia la pared y dije en voz alta: ‘Preferiría morirme'".3 Sintió que Jesús había estado con ella durante toda la noche, observándola con amor y paciencia, pero ella no lo invitó a entrar en su vida sino hasta una semana después. A Sara Miles, fue también un encuentro con Jesús —inesperado, no buscado— lo que la transformó. Un día, por curiosidad, entró a la Iglesia Episcopal de San Gregorio, en San Francisco. "No tenía absolutamente ninguna razón para estar allí. Nunca había escuchado una lectura del evangelio, nunca había dicho el Padrenuestro. No estaba interesada en convertirme en cristiana —o, como pensaba de una manera menos amable, en una fanática religiosa". Recorrió la iglesia y se sentó, esperando que nadie la notara. Cantó con todos los demás, sintiéndose un poco ridícula, y luego una mujer anunció: "Jesús invita a todos a su mesa". Miles pasó al frente y se paró junto a la mesa. Después de más cantos, alguien puso un "pedazo de pan fresco y desmenuzado en mis manos, diciendo: ‘el cuerpo de Cristo', y me dio la copa de vino dulce, diciendo: ‘la sangre de Cristo', y entonces me sucedió algo inconcebible y aterrador. Jesús se me presentó". Ese fue el momento de conversión de Miles, pero esto la desconcertó tanto que se puso a buscar de inmediato otras explicaciones. La palabra "Jesús" le quedó grabada en la mente, y la decía una y otra vez, sin saber por qué. "Pero era más real que cualquier pensamiento mío, o incluso que cualquier emoción subjetiva: era tan real como el sabor real del pan y el vino. Y la palabra estaba ahora con toda seguridad en mi cuerpo, como si me hubiera tragado una pastilla radioactiva que perduraría por más tiempo que mi carne".4 ¿Y qué de todas esas preguntas sin respuesta? Todo el proceso por el cual los no creyentes encuentran a Dios —o Él los encuentra a ellos— no es nada de lo que yo esperaría. Estos escépticos tienen fuertes objeciones al cristianismo. Yo hubiera imaginado que, antes de venir a Cristo, hubieran buscado alguna oportunidad para presentar sus dudas y objeciones, y recibir respuestas seguras a las mismas. Sólo después de que cada punto de divergencia en su lista haya sido marcado como debidamente respondido, podrían entregar sin problemas sus vidas a Jesucristo. Pero rara vez ocurre así. Jesús atrapa a las personas en medio de la corriente de este mundo. A veces aparece cuando menos lo esperan, y cuando menos lo desean. Es posible que algunas de sus dudas acerca de Él sean contestadas, y otras permanezcan por más tiempo. Pero Él está allí, con su presencia amorosa y paciente. Y las personas deciden aceptarlo, o rechazarlo. Los cristianos no son personas que han respondido todas las preguntas acerca de Jesús; son personas que han tenido un encuentro con Él. Dios quiere conquistarnos Si Dios busca y encuentra a Miles, a Lamott, y a otro sinnúmero de ex inconversos reacios —personas con razones culturales, sociales, políticas, morales y vergonzosas para evitarle, ¿de quién puede decirse que está fuera de su alcance? ¿Quién puede concluir, con toda seguridad, que tal persona está demasiado lejos de Dios para llegar a Él? ¿Quién es demasiado hostil hacia Él? ¿Quién demasiado vulgar? ¿Quién demasiado sarcástico y desdeñoso? ¿Quién demasiado perverso? La pregunta de quién está demasiado lejos para llegar a Dios, la han estado haciendo las personas desde hace siglos. Cuando los fariseos y los doctores de la ley criticaron a Jesús porque pasaba mucho tiempo con "publicanos y pecadores", Él les respondió con unas parábolas en las que Dios es presentado como Buscador: la historia de la oveja perdida y la historia de la moneda perdida. En la primera, un pastor tiene cien ovejas y pierde una de ellas. Entonces deja a las noventa y nueve para buscar a la perdida, y después reúne a sus amigos y vecinos para alegrarse cuando lo encuentra. En otra historia, una mujer tiene diez monedas de plata y pierde una. La busca con diligencia hasta que la encuentra, y entonces lo celebra con sus amigos y vecinos. Podría pensarse que para Dios, noventa y nueve de un total de cien ovejas sería suficiente. Nueve de diez monedas deberían ser suficientes. ¿Qué es una oveja o una moneda más, o menos, cuando se tienen tantas? Son muchos los hombres y las mujeres que buscan a Dios voluntariamente y luego le dedican todas sus vidas a Él. Entonces, ¿por qué molestarse tanto buscando a personas como Anne Lamott o Sara Miles? ¿O a usted? ¿O a mí? Pero yo siento —y adoro— ese Espíritu de Dios que me busca, y al que siento moverse dentro de mí. Estoy agradecido porque sé que fui la moneda perdida por la que Él registró toda la casa hasta encontrarme. Estoy agradecido porque encontrar a Dios no dependió sólo de mi esfuerzo. Aunque le sea hostil e indiferente, y esté lleno de pecado y engañado, Él todavía me desea. Soy cristiano desde hace mucho tiempo, pero sigo sintiendo la búsqueda amorosa del Señor. A veces tengo arrebatos de escepticismo, me enfado con la iglesia, me aburro, o siento que me malentienden e ignoran. Desertar es una tentación, pero algo más profundo que todos esos problemas —el Espíritu Santo que nos busca, ama y abraza— me mantienen a mí y mis hermanos en la fe conectados a Él y a la iglesia con un vínculo profundo. No importa cuánto me desanime, el amor y el propósito más profundo de Dios me siguen sosteniendo.

lunes, 26 de mayo de 2014

YO SOY LA PUERTA: EL QUE POR MI ENTRE, SE SALVARÁ. (dijo Jesús)

Buenas noches Señor…usted está situado en una de las salidas de emergencias, ha leído la hoja de seguridad? Era el vuelo 2536 de Aeroparque con destino a Córdoba. Lo programado era volver a mi ciudad el día Martes por la noche, pero un cambio de planes me ofrecía la posibilidad de estar en mi hogar un día antes, y quien no trataría de aprovecharla? Así fue, que junto a mis compañeros de viaje, nos presentamos en el aeropuerto con la intención de sumarnos en cualquier vuelo esa misma tarde. - Me quedan lugares en los pasillos de las salidas de emergencia. Tienen algún problema con ello? – nos pregunto la recepcionista. Cruzamos algunas miradas. Fue suficiente para ponernos de acuerdo. No teníamos pretensión alguna, solo queríamos llegar a casa; de modo que aceptamos la propuesta con gusto. - Allí viajaran más cómodos –agrego la mujer-. Los lugares son más espaciosos. Fantástico!, pensé, conseguimos un vuelo impensado, y en cómodos asientos! Parecía demasiado bueno como para ser verdad. Mis dudas desaparecieron minutos después, cuando al llegar a mi lugar entendí que no nos habían mentido, todo pintaba perfecto. Solo restaba sentarme, escoger un buen libro y tener a mano mi notebook. Tome mi bolso, estire por última vez mis piernas y busque acomodarme en mi asiento. -Disculpe Señor, pero no puede llevar ningún bolso de mano aquí, usted está en una de las salidas de emergencia- sentencio una azafata. Debo admitir que en un primer momento me desagrado tal aclaración, pero luego lo acepte. Al fin y al cabo estaba en el avión que me llevaría de regreso a casa. Eso es lo que contaba. Eso es lo que deseaba. De modo que guarde mi bolso en su lugar, tome posición y, para evitar otra intervención de la azafata, abroche mi cinturón de seguridad y recline mi asiento. Luego de escuchar las indicaciones de rutina, y esperando el momento del despegue, me apreste a descansar…pero mis planes nuevamente se vieron frustrados… -Buenas noches Señor, usted está situado en una de las salidas de emergencias, ha leído la hoja de seguridad?- Supongo que mi rostro respondió a su pregunta, porque prosiguió sin hacerse esperar: -Por favor, tómese un tiempo para leer las instrucciones que tiene frente suyo- me dijo amablemente. Comencé a disgustarme. Aun no habíamos remontado vuelo y ya me aplicaron dos advertencias! ¿Que debo esperar una vez que estemos en la altura? No lleve su bolso, lea la hoja de seguridad, ¿que vendrá después? Pero recordé haber sido yo quien aceptó la propuesta y debía ser consecuente con ello. Tome la ficha y comencé a leerla: “USTED ES UN PASAJERO DE VITAL IMPORTANCIA EN ESTE VUELO. LE HA SIDO ASIGNADO UN ASIENTO EN UNA SALIDA DE EMERGENCIA” Las primeras palabras, me impactaron. No esperaba una declaración de este tipo. Ante todo, querían que supiera que el lugar que ocupaba en el vuelo era importante, y eso me agrado. No era solo un pasajero más. Era especial. ¿Y a quien no le gusta que lo hagan sentir especial? Leer aquello me predispuso de otra manera, y así decidí continuar mi lectura. Aparecía un detalle de los requisitos que debía cumplir quien ocupaba ese lugar: No tener enfermedades que limiten actuar, demostrar habilidad, ser fuerte para abrir la puerta en caso de emergencia, hablar correctamente para saber transmitir la información al resto de los pasajeros, ser capaz de utilizar ambas manos, ambos pies, tener equilibrio, etc. Cada frase, cada línea escrita, sonaban como elogios hacia mi persona, y eso era motivante. No habían elegido a “cualquiera”, me habían elegido porque habían visto en mí todas esas cualidades. Pero todo el orgullo que sentía de ocupar semejante lugar, se desplomo segundos después. La ficha de instrucciones continuaba con el “Modo de Operación”, donde describía el procedimiento que debía seguir en caso de una emergencia. “Mire con cuidado para detectar humo o fuego…”, “guie a las personas hacia la salida de emergencia…”, “mantenga la calma de los demás pasajeros…”, “comience a evacuar ordenadamente…”. Un momento! –me dije. ¿Cómo es esto? Repetí mi lectura con mayor atención, pero seguía sin entender. ¿Resulta que ahora soy responsable de mantener la calma de los pasajeros en caso de que el avión se encienda en llamas!!!. Imaginé por un instante la escena…”Queridos compañeros de viaje, me presento: Mi nombre es Martin y soy el pasajero de la salida de emergencia. Soy de vital importancia en este vuelo, por tanto quiero pedirles su atención. En forma ordenada iremos escapando por esta puerta, antes que el avión…estalle en mil pedazos!, por favor, uno a la vez y sin perder la calma… a ver, los hombres a mi derecha, las mujeres a mi izquierda…”. Qué locura!. Estaba agradecido por sus primeras palabras, me enaltecían, pero esto me pareció fuera de lugar!. Buscando alguna explicación, levante mi vista, hice un minucioso recorrido por toda la aeronave. Me detuve a mirar a las azafatas, estaban ocupadas con la distribución de la cena. A lo lejos pude observar una de ellas abriendo la puerta de la cabina de mando. Alcance a divisar al piloto, ¿piloto? El piloto! –Grite en mis pensamientos- ¿Cuál es el papel del piloto en una emergencia? ¿Y los tripulantes?, ¿Qué de ellos? ¿No se supone que son ellos quienes deben hacerse cargo de semejante responsabilidad? ¿No son ellos los que se prepararon para volar? ¿No son ellos los que estudiaron durante años para saber qué hacer en un caso de emergencia? Yo solo soy un pa-sa-je-ro. Esta responsabilidad le cabe a ellos, no a mí. Tal vez te parezca exagerado, pero es lo que realmente sentí durante aquel vuelo. Te aseguro que un cilindro metálico a miles de metros de altura, es un buen lugar como para hacerte algunas preguntas. Yo me las hice, y aunque no encontré muchas respuestas, me quedaron grabadas cada una de las palabras de aquella hoja de seguridad. Ahora estoy en mi hogar. Con una gran diferencia, es el Señor quien te lo pregunta. El tiene un propósito para ti y para mi en cada viaje, y quiere saber si estamos dispuestos a llevarlo a cabo. Me recordó que es El mismo quien programa cada vuelo, que tiene un asiento especial disponible y te pregunta si estas interesado en ocuparlo. Tu agitada jornada de trabajo, el tiempo con tu familia, una conversación con tus vecinos, una visita inesperada de tus amigos, horas de estudio con tus compañeros, una reunión complicada con tu jefe. Son vuelos. Vuelos diarios. Algunos duran horas, otros minutos. Pero todos tienen algo en común: que no viajas solo. Otros pasajeros están sentados a tu alrededor. Puedes observarlos? Dos asientos mas allá veras a uno. Parece viajar tranquilo, pero no es tranquilidad lo que tiene, es desesperanza. A tu lado tienes uno dormitando, lo ves relajado pero si pudieras verías en lo profundo un alma que no encuentra descanso. Otro está ocupado, leyendo, aunque en realidad solo intenta tapar el vacio de su soledad. Esta el que nunca deja de trabajar (para no hablar), el que nunca deja de hablar (para no pensar), el que no deja de pensar (para no llorar). Uno y otro más. No importa que estén haciendo, todos necesitan una salida. Una puerta de esperanza. Una salida de emergencia. Tú puedes indicarle donde está. Sabes el camino. ¿Quieres sentarte allí? Dios te lo pregunta cada día. Pero Dios también me recordó otra verdad, que cuando aceptas ese lugar cuentas con su cartilla de seguridad. Tal como la tuve yo, El no te deja a la deriva. Sabe que necesitas de su guía. Tienes sus palabras, tienes su voz… Tú puedes escucharlo y él puede guiarte. Una vez, y otra vez y otra vez. ¿Sabes a que me refiero, no? Dios te ha dejado Su Palabra para que eches mano a ella antes de cada vuelo. Ocupar tu lugar en su plan divino es tan importante como conocer para que lo ocupas. Esta allí, frente tuyo. Tomate un tiempo para leerla… Una primera verdad Dios quiere que sepas que eres un pasajero especial. No eres uno más. Has conocido a Jesucristo, has comprendido el evangelio, has puesto tu confianza en El. Eso te hace especial. Eres importante en cada vuelo porque conoces algo, que ignora el resto. Conoces la SALIDA. Dios te ha puesto donde hoy estas, como parte de su plan. Es posible que hayas cuestionado tu asiento alguna vez. ¿Quien no lo ha hecho? Habrás alzado tu mirada al cielo, y con lágrimas en tus ojos habrás pedido que te cambie de vuelo. “Si tuviera otro trabajo…”, “si mi esposo compartiera mi fe…”, “si viviera en otra ciudad”, “si tuviese otros padres”, “si hubiese tenido otra educación”. Pero recuerda, Dios es quien programa tus vuelos. No cuestiones sus planes, El sabe lo que hace. Dios quiere usarte allí. Donde estas. Donde estés. No en otro vuelo. En este. No en un asiento más adelante, tampoco en un asiento más atrás. Allí, donde estas. El lugar en que te encuentras hoy es desde donde hoy puedes mostrar la salida a quienes hoy están en problemas. ¿No cambia esto tu perspectiva? ¿No miras a tu asiento de otro modo? Toma la cartilla, lee de nuevo sus palabras… y sonríe. Eres de vital importancia en este vuelo. Mas verdades Pero eso fue solo el comienzo. No solo quiere que sepas que eres importante, sino que sepas porque lo eres. El mismo se encargo de llenar esa cartilla con un sinnúmero de verdades acerca de tu identidad. Sos una nueva criatura en Cristo (2ª Cor.5:17), eres un ministro de la reconciliación (2ª Cor.5:18), sos embajador de Cristo en la tierra (2ª Cor.5:17), sos más que vencedor (Rom.8:37), sos ciudadano del cielo (Fil.3:20), y mucho mas. Realidades espirituales que nuestro Padre dejo escritas para que supieras que estás preparado para ocupar ese asiento. Verdades que definen quien eres. Y eres tan especial para El que te lo dijo de muchas maneras. Por su Gracia eres quien eres, y por su Gracia puedes marcar el camino. No necesitas aprobar el curso “Aprendiendo a abrir la puerta de emergencia en 10 segundos”. Suena atractivo, pero basta con señalar la puerta. Tampoco necesitas asistir al seminario “Las 25 técnicas más exitosas de evacuación”, basta con compartir tu fe, solo eso. Los métodos pueden ayudarte pero… mostrar la salida es suficiente. Y para mostrar la salida alcanza con haberla atravesado alguna vez. Has estado en emergencia, lo recuerdas? Has abierto esa compuerta, y ahora sabes quién está del otro lado. El mismo que alguna vez te rescato, espera que le muestres la salida a quienes hoy están en emergencia. ¿Y el piloto? También aprendí aquella noche, que no es bueno cuestionar al piloto. Aun sigo sin entender, cual es su tarea en una situación de emergencia. También me cuesta aun entender porque Dios permanece en la cabina, esperando que nosotros señalemos el camino. Él lo haría mejor. Sin embargo así lo quiso. ¿Y los tripulantes? Ellos están a nuestro servicio, pero no harán nuestra tarea. Harán la suya. Dios no les ha dado a sus ángeles la misión de comunicar su mensaje. Te la ha dado a ti, me la ha dado a mí. Aquella fue una lección de vuelo para mi vida. El nos ofrece un lugar especial, nos califica con su Gracia para ocuparlo, y por alguna razón nos encomienda a nosotros la tarea de indicar a los demás la Salida de Emergencia. Pero no quiero terminar aquí. Olvide comentarte el final de mi lectura. La cartilla terminaba con un último mensaje. Un mensaje escrito con letras mayúsculas, resaltadas y subrayadas. Era como una última recomendación. SI USTED NO DESEA CUMPLIR CON ESTO, POR FAVOR ANUNCIESE A LA TRIPULACIÓN PARA QUE SEA REUBICADO Dios tiene un plan para ti cada día. En cada vuelo. Eres importante para El. Te ha preparado para cumplir su misión. ¿Qué harás? ¿PEDIRÁS SER REUBICADO?.

domingo, 25 de mayo de 2014

DIOS ES MI PASTOR Y NADA ME FALTARA

En aquel tiempo llegó a faltar comida en toda la región de Canaán, tal como había pasado en tiempos de Abraham, motivo por el cual Isaac pensó en irse, pero Dios se le apareció y le dijo: -No vayas a Egipto. Es mejor que te vayas por algún tiempo a Guerar, donde vive Abimélec, rey de los filisteos. Yo prometo estar siempre contigo y bendecirte en todo. Fue así como Isaac fue a Guerar y se quedó a vivir allá. Ese mismo año, Dios le dio a Isaac una cosecha tan abundante, que produjo cien veces más de lo que había sembrado en aquella tierra. Isaac llegó a ser muy rico y poderoso, que despertó la envidia de los filisteos, hasta Abimélec llegó a decirle: Vete de aquí, pues ya eres más poderoso que nosotros. Isaac se fue de Guerar, pero se quedó a vivir en el valle. Cuando Abraham aún vivía, había mandado abrir unos pozos allí, pero después de su muerte, los filisteos los habían vuelto a tapar. Isaac volvió a abrirlos y les puso los mismos nombres que les había puesto su padre. Un día, sus sirvientes abrieron un pozo y descubrieron un manantial, pero los pastores de Guerar se pelearon con los pastores de Isaac, pues decían que esa agua les pertenecía. Por eso Isaac llamó a ese pozo Pelea. Hicieron otro pozo, pero también pelearon por él, le puso por nombre «Pleito». Luego se alejó de allí y volvió a abrir otro pozo y ya nadie peleó. Entonces lo llamó Libertad, pues dijo: Al fin Dios nos ha dado libertad para prosperar en este lugar. Esa misma noche Dios se le apareció y le dijo: Yo soy el Dios de tu padre Abraham, y por él te voy a bendecir y a aumentar el número de tus descendientes. No tengas miedo, pues yo te ayudaré en todo. En ese mismo lugar plantó su tienda de campaña y sus sirvientes abrieron otro pozo. Cuando Abimélec lo supo, salió de Guerar para hablar con él junto a su consejero personal y jefe de su ejército. Cuando Isaac los vió, les preguntó: -¿Para qué vienen a verme, si me han tratado tan mal y hasta me echaron de su país? Y ellos le contestaron: -Ya hemos visto que Dios está de tu parte. Por eso queremos hacer un trato contigo pero bajo juramento.Nosotros nunca quisimos molestarte. Al contrario, siempre te tratamos bien y hasta nos despedimos como amigos. Ahora tú, comprométete a no hacernos ningún daño, ya que Dios te ha bendecido mucho. Isaac y Abimélec juraron no hacerse ningún daño. El despidió a sus visitantes y ellos se marcharon en paz. Posiblemente éste día te identifiques con Isaac, porque estás atravesando un problema similar. Te animo a que no renuncies al hermoso regalo que Dios te dio, posiblemente es tu matrimonio, tus hijos, tu trabajo o tu ministerio, Él te dará la gracia y las fuerzas que necesitas para seguir adelante. A pesar de las constantes luchas y malos momentos que tengas que pasar, no te rindas, obedécelo, porque lo que El te dio, nadie te lo quitará. Te aseguro que si haces su voluntad, siempre tendrás su respaldo. Cuando la vida de alguien agrada al Señor, hasta sus enemigos están en paz con él. Proverbios 16:7 (NTV) Cuando permites que Dios habite en tu corazón, Él usa tu camino, tu testimonio y tu humildad, para tocar el corazón de tus enemigos, de modo que sus ojos se abren para comprender que son enemigos sin tener motivos para serlo. Las personas pueden rechazar tu amor y tus palabras, pero no pueden hacer nada en contra de tus oraciones.

sábado, 24 de mayo de 2014

UN ÁGUILA SABE CUANDO UNA TORMENTA SE ACERCA MUCHO ANTES DE QUE EMPIECE

El águila volará a un sitio alto para esperar los vientos que vendrán. Cuando llega la tormenta, Extiende sus alas para que el viento las agarre y le lleve por encima de la tormenta. Mientras que la tormenta esté destrozando abajo, el águila vuela por encima de ella. El águila no se escapa de la tormenta. Simplemente usa la tormenta para levantarse más alto. Se levanta por los vientos que trae la tormenta. Cuando las tormentas de vida nos vienen – Y todos nosotros vamos a pasar por ello, Podemos levantarnos por encima poniendo nuestras mentes y nuestra fe en Dios. Las tormentas no tiene que pasar sobre nosotros. Podemos dejar que el poder de Dios nos levante por encima de ellas. Dios nos permite ir con el viento de la tormenta que trae enfermedad, tragedia, y demás cosas en nuestras vidas. Podemos volar sobre la tormenta. Recuerda, no son los pesos de la vida que nos lleva hacia abajo, sino el cómo los manejamos. Isaías 40:31 – “pero los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

jueves, 22 de mayo de 2014

¿HAS EXPERIMENTADO EL NUEVO NACIMIENTO?

Esta es una de las cuestiones más importantes en la vida de todo ser humano. Jesucristo dijo, “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). No es suficiente responder “Soy miembro de una iglesia; supongo que soy cristiano”. Miles de cristianos nominales no muestran señal alguna de haber nacido de nuevo, las cuales se mencionan en las Sagradas Escrituras, principalmente en la Primera Epístola de Juan. NO PRACTICA EL PECADO En primer lugar, el apóstol Juan escribió: “Todo aquel que es nacido de Dios, no comete pecado...” (1 Juan 3:9). “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado...” (1 Juan 5:18). Aquella persona que ha nacido de nuevo, que ha sido regenerada, habitualmente no comete pecado. No exhibe una inclinación total hacia el pecado. Probablemente hubo algún tiempo en que dicha persona no se detenía a pensar si sus acciones eran pecaminosas o no, y no siempre sentía aflicción tras hacer el mal. No había una lucha entre él y el pecado; ambos eran amigos. Pero un verdadero cristiano odia el pecado, huye de él, lucha en su contra, lo considera su mayor calamidad, resiente la carga de su presencia, sufre cuando cae bajo su influencia, y anhela liberarse completamente de él. El pecado ya no le place; se ha convertido en algo horrible y que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro de él. Si dijese que en él no hay pecado estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero sí puede decir que odia el pecado y que el mayor deseo de su alma es no cometer pecado en absoluto. No puede evitar tener malos pensamientos, omisiones y defectos tanto en sus palabras como en sus acciones. Él sabe que “en muchas cosas ofendemos” (Santiago 3:2). Pero puede decir con certeza, delante de Dios, que estas cosas le ocasionan dolor y pena, y que su ser no se complace en ellas. ¿Qué diría el apóstol de usted? ¿Has nacido usted de nuevo? CREE EN CRISTO En segundo lugar, Juan escribió: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5:1). Un hombre que ha nacido de nuevo, que ha sido convertido, cree que Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que Él es la persona divina designada por Dios Padre para dicho propósito, y que fuera de Él no hay salvación alguna. En sí mismo no encuentra valor alguno. Pero tiene confianza plena en Cristo, en que todos sus pecados le han sido perdonados. Puesto que ha aceptado la obra completa y muerte de Cristo en la cruz, él cree que es considerado justo delante de Dios, y puede esperar la muerte y el juicio final sin miedo. Podrá tener temores y dudas. Inclusive decir que a veces siente como si no tuviera fe en absoluto. Pero pregúntele si está dispuesto a confiar en cualquier cosa o persona en vez de Cristo, y verá lo que le responderá. Pregúntele si depositaría su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, su guía espiritual, o su iglesia, y escuche su respuesta. ¿Qué diría el apóstol de usted? ¿Has nacido usted de nuevo? HACE JUSTICIA En tercer lugar, Juan escribió: “Todo el que hace justicia es nacido de Él” (1 Juan 2:29). El hombre que ha nacido de nuevo, o se ha regenerado, es un hombre santo. El busca vivir acorde a la voluntad de Dios, hacer las cosas que agradan a Dios y evitar aquellas que Dios aborrece. Él desea mirar continuamente a Cristo como ejemplo a seguir y como su Salvador, y demostrar ser su amigo guardando sus mandamientos. Él sabe que no es perfecto. Es consciente de su corrupción inherente. Percibe un principio de maldad dentro de sí mismo que lucha constantemente por separarle de la gracia de Dios. Pero él no lo consiente, aunque no puede prevenir su presencia. Aunque a veces puede sentirse tan despreciable al punto de cuestionarse si en verdad es cristiano o no, aun así será capaz de decir, como John Newton, “no soy lo que debería ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en otro mundo; pero aun así no soy lo que fui alguna vez, y por gracia de Dios soy lo que soy”. ¿Qué diría el apóstol de usted? ¿Has nacido usted de nuevo? AMA A OTROS CRISTIANOS En cuarto lugar, Juan escribió: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida en que amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14). Un hombre que ha nacido de nuevo tiene un amor especial por todos los discípulos verdaderos de Cristo. Ama a todos los seres humanos con gran amor general, pero tiene un amor especial por quienes comparten su fe en Cristo. Al igual que su Señor y Salvador, él ama a los peores pecadores y se aflige por ellos; pero él siente un amor peculiar por aquellos que son creyentes. Nunca se siente tanto en casa como cuando se encuentra en su compañía. Él los considera a todos como miembros de una misma familia. Son sus compañeros de batalla, luchando contra el mismo enemigo. Son sus compañeros de viaje, marchando a lo largo del mismo camino. Él los comprende, y ellos lo comprenden. Podrían ser muy diferentes a él en muchos sentidos: en rango, en riqueza. Pero eso no importa. Ellos son hijos e hijas de su Padre y él no puede evitar amarlos. ¿Qué diría el apóstol de usted? ¿Has nacido usted de nuevo? VENCE AL MUNDO En quinto lugar, Juan escribió: “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo” (1 Juan 5:4). Un hombre que ha nacido de nuevo no se vale de la opinión del mundo para medir el bien y el mal. No teme ir en contra del estilo, ideas y costumbres del mundo. Lo que los hombres piensen o digan, ya no le preocupa. Él vence al amor del mundo. No encuentra placer en las cosas que parecen dar la felicidad a la mayoría de las personas. Para él, parecen insensatos e indignos de un ser inmortal. Ama la alabanza a Dios más que la alabanza al hombre. Teme más ofender a Dios que ofender al hombre. No le importa que le culpen o le alaben; su principal objetivo es agradar a Dios. ¿Qué diría el apóstol de nuevo? ¿Has nacido de nuevo? SE MANTIENE PURO En sexto lugar, Juan escribió: "Aquel que nació de Dios lo guarda" (1 Juan 5:18). Un hombre que ha nacido de nuevo es cuidadoso de su propia alma. No sólo intenta evitar el pecado sino también todo aquello que pueda conducirle a él. Es cuidadoso respecto a quienes le acompañan. Él sabe que la comunicación perversa corrompe el corazón y que la maldad atrae más que la bondad, así como la enfermedad es más contagiosa que la salud. Es cuidadoso sobre el empleo de su tiempo; su principal deseo es usarlo en forma provechosa. Él desea vivir como un soldado en país enemigo, portando su armadura en forma continua y siempre preparado para las tentaciones. Es diligente siendo un hombre de oración, vigilante y humilde. ¿Qué diría el apóstol de usted? ¿Has nacido usted de nuevo? LA PRUEBA Estas son las seis características principales de un cristiano que ha nacido de nuevo. La notoriedad de las mismas es muy variable entre diferentes personas. En algunas apenas son perceptibles. En otras son muy marcadas, inequívocas, de tal manera que todos pueden percatarse de ellas. Algunas de estas características sobresalen más que otras en diferentes individuos. Es raro que sean igualmente evidentes en cualquier persona. Pero aun después de tomar en cuenta posibles diferencias, tenemos aquí cinco aspectos que marcan a un sujeto que ha nacido de Dios. ¿Cómo debemos reaccionar ante estas cuestiones? Lógicamente solo podemos concluir una cosa: sólo aquellos que han nacido de nuevo muestran estas cinco características, y quienes no las tienen no han nacido de nuevo. Esta es la conclusión a la cual el apóstol nos quiere hacer llegar. ¿Posee usted estas características? ¿Has nacido usted de nuevo?

miércoles, 21 de mayo de 2014

¿QUÉ ERES?

El oro para ser purificado debe pasar por el fuego.. y el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: Cómo reaccionamos frente a las pruebas. Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un bowl. Sacó los huevos y los colocó en otro bowl. Coló el café y lo puso en un tercer bowl. Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?" "Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, Padre?" El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua. "¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?. ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?" ¿Y cómo eres tú, amigo? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor.Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren. ¿Cómo manejas la adversidad? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?