viernes, 28 de febrero de 2014

ESTOA DE MAREA

Marcos 6:30-32 Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco… —Marcos 6:31 Me resulta fascinante pensar en la fuerza de atracción de la luna sobre nuestros grandes océanos, lo cual genera las mareas altas y bajas. Cuando estas mareas cambian, hay un breve período llamado «estoa de marea», en que el agua no sube ni baja. Según los científicos, en ese momento, el agua está «calma»; una pausa de quietud antes de que vuelva a producirse el avance repentino del flujo de agua. A veces, nuestra agenda cargada de actividades puede hacernos sentir como si las responsabilidades disputaran entre sí y nos tironearan hacia todos lados. Al considerar el ministerio de Jesús, vemos que Él comprendió la intensidad de las demandas impuestas sobre sus seguidores y la necesidad que estos tenían de descansar. Después de volver de un ministerio itinerante en equipos de dos, los Doce informaron sobre las maravillas que Dios había hecho a través de ellos (Marcos 6:7-13, 30). Pero Jesús respondió: «Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto» (vv. 31-32). ¿Qué responsabilidades están presionándote hoy? Sin duda, es apropiado planificar un tiempo de descanso y relajación para renovar tu cuerpo y alma, para poder servir de manera más fructífera a los demás. Jesús lo aconsejó, y todos lo necesitamos. Allí te encontrarás con Él. Pasar tiempo en silencio con Dios puede darnos su tranquilo reposo.

jueves, 27 de febrero de 2014

EL DON DE RECORDAR

Génesis 40:1-14, 23 Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó. —Génesis 40:23 Mientras estudiaba en el seminario, trabajaba en un hogar de ancianos. Cuando conversaba con estos hombres y mujeres, casi todos hablaban de la soledad que sentían en ese momento al haber vivido más tiempo que algunos de sus amigos. La mayoría se preguntaba si alguien los recordaría después de que dejaran esta vida. No solo los ancianos pueden sentirse solos y olvidados. En realidad, muchos nos sentimos limitados y solitarios, dejados de lado por circunstancias justas e injustas. A veces, incluso experimentamos lo que le sucedió a José, el personaje del Antiguo Testamento: gente que no nos recuerda cuando, por muchas razones, debería hacerlo. Génesis 40 describe las vivencias de José mientras estaba preso. El copero había sido liberado y restituido a su puesto en la corte, tal como José había dicho (vv. 9-13). Este le pidió que lo mencionara ante Faraón, pero el copero se olvidó (vv. 14, 23). Quizá nos sintamos olvidados; pero, como en el caso de José, no es verdad (42:9-13). Jesucristo está sentado a la diestra de Dios, y nuestras oraciones indefectiblemente llegan al trono del Rey porque nuestro Salvador es el Mediador. Cuando nos sintamos solos, recordemos descansar en su promesa de que Él está con nosotros siempre (Mateo 28:20). Jesús nunca abandona ni olvida a los suyos.

miércoles, 26 de febrero de 2014

SABIDURÍA DE LAS MASAS

1 Corintios 1:18-25 Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad. —Proverbios 11:14 La descripción en Internet de La sabiduría de las masas dice: «En este fascinante libro, el columnista sobre economía James Surowiecki explora una idea sencilla, pero engañosa: los grupos grandes de personas son más listos que las elites minoritarias, independientemente de su inteligencia; mejores para resolver problemas, fomentar innovaciones, llegar a decisiones sabias, e incluso para predecir el futuro». El autor emplea una variedad de cosas, desde la cultura pop hasta la política, para presentar un concepto básico: en la mayoría de los casos, la masa tiene razón. Es una teoría interesante, pero probablemente podría debatirse en épocas de elecciones o cuando nuestro participante favorito es eliminado del concurso en un programa de televisión. La Biblia deja claro que la sabiduría de las masas puede ser dudosa e incluso peligrosa (Mateo 7:13-14), pero también señala que hay otra clase de sabiduría colectiva que puede ser útil. En Proverbios 11:14, leemos: «Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad». Uno de los beneficios del cuerpo de Cristo es que podemos ayudarnos unos a otros; en parte, trabajando juntos para obtener la sabiduría divina. Cuando nos unimos para llevar a cabo los propósitos de Dios, hallamos seguridad en la comunión mutua que Él nos proporciona y recibimos su sabiduría para enfrentar los desafíos de la vida. Obtenemos mejor la sabiduría divina cuando la buscamos juntos.

martes, 25 de febrero de 2014

«DESCANSA»

Éxodo 20:8-11 En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. —Salmo 23:2-3 A veces, nuestro perro se altera tanto que tiene convulsiones. Para prevenir que eso suceda, tratamos de calmarlo. Lo acariciamos, le hablamos con voz suave y le decimos que se acueste y descanse. Pero cuando oye «acuéstate y descansa», mira para otro lado y empieza a quejarse. Finalmente, con un dramático suspiro de resignación, obedece y se tira al suelo. En ocasiones, nosotros también necesitamos que nos recuerden que debemos descansar. En el Salmo 23, aprendemos que nuestro Buen Pastor «en lugares de delicados pastos [nos hace] descansar» y que nos guía «junto a aguas de reposo». Sabe que nos hace falta esa tranquilidad y descanso, aun cuando nosotros no nos damos cuenta. Nuestro cuerpo está diseñado para descansar con regularidad. Dios mismo reposó al séptimo día, después de su obra creadora (Génesis 2:2-3; Éxodo 20:9-11). Jesús sabía que había un tiempo para servir a las multitudes y otro para descansar. Instruyó a sus discípulos: «Venid vosotros aparte […] y descansad un poco» (Marcos 6:31). Cuando descansamos, nos renovamos y reenfocamos. Si llenamos todo el tiempo con actividades, incluso con cosas válidas, Dios suele captar nuestra atención haciéndonos acostar y «descansar». El descanso es un don, una dádiva buena de nuestro Creador que sabe exactamente lo que necesitamos. Alabémoslo por hacernos descansar en delicados pastos. «Si no nos retiramos y descansamos, podemos desmoronarnos». —Havner

domingo, 23 de febrero de 2014

JESÚS ME AMA

Romanos 8:31-39 Conservaos en el amor de Dios… —Judas 21 Cuando hace frío, nuestra vieja perra va por todo el patio buscando un lugar soleado para recostarse sobre la hierba y conservar el calor bajo los rayos del sol. Esto me recuerda que nosotros debemos «conservarnos» en el amor de Dios (Judas 21). No significa que debamos actuar de alguna manera especial para lograr que el Señor nos ame (aunque deseamos agradarlo), ya que, por ser sus hijos, Él nos ama independientemente de lo que hagamos o dejemos de hacer. Quiere decir que debemos meditar en su amor y disfrutar de su resplandor y calor durante todo el día. «[Nada] nos podrá separar del amor de Dios» (Romanos 8:39). Él nos amaba antes de que naciéramos, y nos sigue amando ahora. Esta es nuestra identidad en Cristo, lo que somos: hijos amados de Dios. Debemos meditar en esta verdad todo el día. Juan, en su Evangelio, se describe cinco veces como el discípulo al que Jesús amaba (13:23; 19:26; 20:2; 21:7, 20). El Señor también amaba a los otros, ¡pero Juan se deleitaba en la realidad de que Jesús lo amaba a él! Podemos adoptar el pensamiento de Juan: «¡Soy el discípulo a quien Jesús ama!», y repetirnos esta verdad durante todo el día o cantar en nuestro corazón ese conocido coro para niños: «Cristo me ama; me ama a mí». Al conservar en nuestra mente esta afirmación todo el tiempo, ¡nos deleitaremos en la calidez de su amor! Dios no nos ama por lo que somos nosotros, sino por lo que Él es.

sábado, 22 de febrero de 2014

ANCLA DE LA ESPERANZA

Hebreos 6:13-20 … para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma… —Hebreos 6:18-19 Frank, Ted y yo pescábamos percas en el lago Rice, en Ontario, Canadá. Estábamos en un bote tipo pontón, y los peces picaban mucho. Ocupados poniendo carnada y atrapando peces, poco a poco nos dimos cuenta de que ya no picaban tanto. Después entendimos por qué: el bote se había movido. Un viento fuerte lo había arrastrado. El ancla no podía sostenernos y se arrastraba por el fondo del lago. La levantamos, volvimos al lugar lleno de peces y volvimos a anclar. Nos alejamos otra vez. Después de un tercer intento, regresamos a la costa. No podíamos conseguir que el ancla se afirmara. En lo que respecta a la salvación, nuestra esperanza está anclada en la promesa de Dios y la obra de Jesucristo. Los vientos y las olas de la duda y el desánimo, y el ataque espiritual del maligno pueden hacernos pensar que estamos a la deriva y que la salvación que Dios ofrece es insegura. ¡De ninguna manera! El Señor ha prometido que nuestra salvación es segura, y Él no puede mentir (Hebreos 6:18-19). Nuestra esperanza está firmemente asegurada en Jesucristo, quien nos redimió una vez y para siempre cuando murió, resucitó y ascendió al cielo. Nuestra ancla es la Roca inconmovible: Jesucristo. Su amor ilimitado nos mantiene seguros y afirmados. Nuestra ancla es la Roca: Jesucristo.

viernes, 21 de febrero de 2014

LA VIDA ANSIADA

Lucas 6:27-36 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. —Lucas 6:31 La Feria del Libro que anualmente se realiza en Austin, Texas, Estados Unidos, atrae miles de personas que disfrutan hojeando libros, asistiendo a debates liderados por autores famosos y atesorando consejos de escritores profesionales. En una oportunidad, un autor de libros de ficción para adultos jóvenes les dijo a los aspirantes a escritores: «Escribe el libro que quieres encontrar en el estante». Esta recomendación es valiosa tanto para escribir como para vivir. ¿Qué pasaría si decidiéramos vivir como queremos que vivan todos los demás? En Lucas 6:27-36, Jesús instó a sus seguidores a procurar un estilo de vida que demuestre a todos la misericordia de Dios: «… Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian» (vv. 27-28). También señaló que la generosidad y la ausencia de venganza deben caracterizar nuestra reacción ante un trato injustificado (vv. 29-30). Y concluyó: «Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos» (v. 31). ¿Imposible? Sí, si dependemos de nuestra propia fortaleza y determinación. La fortaleza procede del Espíritu, y la determinación surge de recordar cómo nos ha tratado Dios: «… él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso» (vv. 35-36). Todos anhelamos ver una vida así. El cristianismo no es solamente Cristo en ti, sino Él viviendo su vida a través de ti.