miércoles, 6 de agosto de 2014
SABIENDO ESTO...
Romanos 7:18-25
Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien… —Romanos 7:18
En una interpretación de Fernando Ortega del himno Tal como soy, puede oírse tenuemente en el fondo la voz de Billy Graham, recordando una enfermedad que padeció y durante la cual pensó que iba a morir. Mientras meditaba en su pasado, se daba cuenta de cuán pecador era y de cómo seguía necesitando el perdón de Dios cada día.
Graham estaba poniendo punto final al concepto de que, separados de Dios, estamos bien. Podremos sentirnos bien en lo personal, pero esta confianza debe proceder de la certeza de que somos hijos de Dios profundamente amados (Juan 3:16) y no de que seamos muy buenos (Romanos 7:18).
El primer paso para convertirse de verdad en una «buena» persona como seguidor de Cristo es dejar de simular que somos inherentemente buenos y pedirle a Dios que nos haga lo mejor que podamos ser. Fracasaremos muchas veces, pero Él seguirá ayudándonos a crecer y transformándonos. El Señor es fiel y, a su manera y en su tiempo, lo hará.
En sus últimos años, el escritor del himno Sublime gracia, John Newton, sufría de demencia senil y lamentaba haber perdido la memoria. No obstante, afirmaba con confianza: «Recuerdo dos cosas: soy un gran pecador y Jesús es un grandioso Salvador». En lo que respecta a la fe, estas son las únicas cosas que una persona necesita saber.
—Aceptar la gracia de Dios es experimentar su paz.
lunes, 4 de agosto de 2014
CIUDAD DE REFUGIO: LA IGLESIA DE JESUCRISTO Y NO DE HOMBRES
Salmo 59:10-17
… cantaré de tu poder, y alabaré de mañana tu misericordia; porque has sido mi amparo y refugio en el día de mi angustia. —Salmo 59:16
Cuando entrábamos en un pueblo de Australia, nos recibió un cartel que decía: «Damos la bienvenida a todos los que buscan refugio y asilo». Esta clase de recibimiento parece evocar el concepto del Antiguo Testamento sobre las ciudades de refugio. Durante aquella dispensación, estas ciudades (Números 35:6) se establecieron para brindar refugio a las personas que, accidentalmente, habían matado a alguien y necesitaban protección. Dios hizo que el pueblo determinara ciudades como estas para que se salvaguardaran.
No obstante, este concepto trasciende su aplicación a la antigua Israel. Más allá de eso, las ciudades de refugio reflejaban el corazón de Dios hacia todas las personas. Él anhela ser el lugar donde nos sintamos seguros en medio de los fracasos, las angustias y las pérdidas de la vida. En el Salmo 59:16-17, leemos: «Pero yo cantaré de tu poder, y alabaré de mañana tu misericordia; porque has sido mi amparo y refugio en el día de mi angustia. Fortaleza mía, a ti cantaré; porque eres, oh Dios, mi refugio, el Dios de mi misericordia».
Para los corazones heridos de todas las generaciones, nuestra «ciudad de refugio» no es un lugar, sino una Persona: el Dios que nos ama con amor eterno. Que encontremos nuestro refugio y descanso en Él.
—Se puede hallar refugio en la Roca de los siglos.
jueves, 31 de julio de 2014
¿COMO ME PRESENTO AL SEÑOR?
Isaías 55:1-7
Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma… —Isaías 55:3
Recuerdos agradables inundaban mi mente mientras asistía a un concierto. El líder del grupo acababa de anunciar la próxima canción: «Tal como soy». Recordé cuando, años atrás, al terminar de predicar, el pastor de mi iglesia invitaba a las personas a pasar al frente para recibir a Cristo como Salvador, mientras nosotros cantábamos ese himno.
No obstante, el líder del grupo musical en aquel concierto sugirió que cantáramos esta canción en otro contexto. Comentó que le gustaba pensar que, un día, cuando muera y vaya a encontrarse con el Señor, le cantará con gratitud:
Tal como soy, sin más decir, que a otro yo no puedo ir, y tú me invitas a venir.
Bendito Cristo, vengo a ti.
Años antes de escribir esta canción, Charlotte Elliott le preguntó a un pastor cómo podía encontrar al Señor. Él le dijo: «Simplemente, ve a Él tal como eres». Ella lo hizo. Más tarde, durante un desalentador período de enfermedad, escribió este himno sobre el día en que acudió a Cristo y Él le perdonó sus pecados.
En su Palabra, el Señor nos alienta a buscarlo: «Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano» (Isaías 55:6). Y agrega: «A todos los sedientos: Venid a las aguas […]. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma» (vv. 1, 3).
Por la muerte y la resurrección de Cristo, podemos venir a Él ahora y estar juntos para la eternidad. ¡Tal como soy, vengo!
—…el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. —Apocalipsis 22:17
lunes, 28 de julio de 2014
COMO BUSCAR A LOS QUE QUIEREN PERTENECER AL REINO DE LOS CIELOS
Lucas 19:1-10
Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa… —Lucas 19:9
Alfredo camina por las calles de la ciudad buscando a Zaqueo, pero este no es el personaje bíblico, porque a ese, Jesús ya lo encontró. Alfredo y unos amigos que trabajan en un ministerio urbano hacen lo que Jesús hizo en Lucas 19. Recorren voluntariamente la ciudad para encontrarse con personas y ayudar a los necesitados.
Alfredo va casa por casa en su barrio, golpea a las puertas y les dice a los que se asoman: «Hola, soy Alfredo. ¿Tiene alguna necesidad por la cual puedo orar?». Esta es su manera de empezar una conversación (como Jesús lo hizo con el recaudador de impuestos) y ofrecer vida espiritual y esperanza, y, si es necesario, algún consejo.
Observa lo que hizo Jesús. Lucas simplemente señala que «iba pasando» por Jericó (Lucas 19:1). Por supuesto, como solía suceder cuando el Señor llegaba a un pueblo, se juntaba una multitud. Como Zaqueo tenía problemas de estatura, trepó a un árbol. Mientras Jesús pasaba, fue directamente hasta ese árbol y viendo cómo se esforzaba por conocerle le dijo que tenía que visitar su casa. Aquel día, la salvación llegó al hogar de Zaqueo, porque Jesús «vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (v. 10).
¿Estamos buscando Zaqueos? Personas así están en todas partes y necesitan a Jesús. ¿De qué manera podemos hablarles del amor de Cristo a quienes precisan al Salvador?
—Señor, guía nuestros pasos, palabras y acciones para alcanzar a quienes te necesitan.
La buena noticia de Dios es demasiado buena para callársela.
sábado, 26 de julio de 2014
EL VERDADERO DIAGNÓSTICO DEL HOMBRE Y LA MUJER: PECADOR/PECADORA
Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Isaías 1:6
Oh Señor… tú me restablecerás, y harás que viva. Isaías 38:16
Por dondequiera que pasaba, Jesús devolvía la salud a los enfermos. La curación estaba ligada a su mensaje para salvar a los hombres (Lucas 9:6). Pero, ¿en qué orden actuaba el Señor? Cuando Jesús sanó a un paralítico, primero le dijo, como respuesta a su fe: “Tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:3-12). Jesús vino a traer a los hombres la salvación del alma, mucho más importante que la curación del cuerpo. Sin embargo, para demostrar que tiene toda la autoridad para perdonar pecados, también devolvió la salud a ese hombre y así mostró su poder y su compasión a la vez.
Un médico que sólo se limitase a curar la fiebre o los dolores de cabeza, sin buscar el origen de estos males, carecería de capacidad o conciencia profesional. Nuestro Gran Médico, cuyo diagnóstico es infalible, nos muestra cuál es el verdadero problema del hombre, la causa de todas sus desgracias: una enfermedad moral mortal llamada pecado. Nuestra tendencia es detenernos ante sus manifestaciones visibles: miseria, opresión, desigualdades sociales, angustias, desórdenes de todo tipo, y olvidarnos del verdadero problema para el cual el Señor trae el remedio.
Todos, creyentes o incrédulos, pasamos por diferentes pruebas en este mundo, consecuencias más o menos directas del pecado. Aún hoy Jesús puede sanar totalmente a un enfermo si lo considera oportuno, pero siempre dará el perdón, la paz y el gozo eterno al que cree en su nombre: Jesús (Dios salvador).
martes, 22 de julio de 2014
TU FIGURA Y MI FIGURA YA EXISTÍAN EN LA MENTE DEL SEÑOR
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17
Señor, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste. Isaías 64:8
Miguel Ángel (1475-1564) era un escultor extraordinario. Al fin de su vida todavía tallaba el mármol con pasión. Este hombre debilitado por los años desplegaba una energía extraordinaria para sacar sus personajes de un bloque de mármol sin forma. Solía afirmar que lo único que hacía era desbastar el bloque de mármol hasta encontrar la figura que se escondía dentro de él. «Yo sólo quito lo que estorba», decía. Observando la escultura titulada «El prisionero Atlante» entendemos un poco mejor lo que quería decir. Realmente nos da la impresión de que una forma humana espera ser liberada del bloque que la encarcela. La figura ya existía en la mente del gran escultor que tenía ese don de ver a un personaje en un bloque de piedra y sacarlo dando golpes con el cincel.
Así es como Dios actúa en nuestras vidas. Antes de conocer al Señor, nuestra vida era como un bloque sin forma, insignificante, sin valor alguno. No obstante, Dios nos ve y tiene un proyecto para cada uno de nosotros. Puede hacer de lo que no tiene valor, una persona regenerada, digna, serena, mediante la acción de su Palabra en el corazón. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es”.
¿Ha aceptado ponerse en las manos del gran Escultor, a fin de que le dé la vida, la vida eterna? Amigos cristianos, ¿tenemos confianza en él para que nos transforme y así seamos cada vez más como él quiere que seamos, libres y felices en él, humildes y serviciales, amables y sensibles, cada vez más parecidos a él? “Hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19).
lunes, 21 de julio de 2014
¿CUÁL ES EL REFUGIO DEL ANCIANO?
En ti, oh Señor, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamás. Socórreme y líbrame en tu justicia; inclina tu oído y sálvame. Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, porque Tú eres mi roca y mi fortaleza. Salmo 71:1-3
(Lea el Salmo 71)
–Con la edad, mi fuerza se acaba (v. 9), ya no puedo contar con ella. Pero puedo descansar en el Señor, quien es fiel. Puedo decirle: “En ti… me he refugiado” (v. 1), “tú (eres) mi refugio fuerte” (v. 7).
–Ya no puedo hacer un trabajo físico, pero tengo otro trabajo muy hermoso que puedo hacer: testificar de la fidelidad del Señor a la nueva generación (v. 18); contar a los demás cómo me ha ayudado, sus bendiciones y sus maravillas.
–Es verdad que he pasado por “muchas angustias y males” (v. 20), pero el Señor ha hecho grandes cosas en mi vida, me ha consolado y me seguirá consolando.
–¿Hablaré de mi justicia, de lo que hice bien? Es mejor que testifique de la justicia del Señor (v. 15-16, 24), de “la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:9). ¡Cuántas experiencias he tenido respecto a sus cuidados diarios, a fin de formarme para el cielo!
–A pesar de la soledad y el cansancio extremo, puedo alabar al Señor (v. 14). ¡Mi alma, la cual redimió por toda la eternidad (v. 23), puede cantarle sin cesar! Pronto lo veré en la “gloria con gran alegría” (Judas 24).
–Y si tengo que pasar por la muerte, sé que resucitaré (v. 20).
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