lunes, 20 de enero de 2014
TODO ACICALADO
Judas 1:20-25
… [Jesús] es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha… —Judas 24
Hacer que nuestros hijos estuvieran presentables para ir a la iglesia fue siempre un desafío. Diez minutos después de llegar todo acicalado, nuestro pequeño Mateo lucía como si no tuviera padres. Lo veía correr por el pasillo con la camisa suelta de un costado, las gafas torcidas, los zapatos raspados, y con trozos de galletas por toda la ropa. Si no lo cuidabas, era un desastre.
Me pregunto si a veces no tenemos el mismo aspecto. Después de haber sido revestidos de la justicia de Cristo, tendemos a desviarnos y vivir de un modo que no demuestra que le pertenecemos a Dios. Por eso, me da esperanza la promesa de Judas de que Jesús es «poderoso para [guardarnos] sin caída, y [presentarnos] sin mancha» (Judas 24).
¿Cómo podemos evitar que parezca que no tenemos un Padre celestial? A medida que nos sometamos más al Espíritu Santo y a sus caminos, Dios nos guardará de tropezar. Piensa cómo creceríamos en rectitud si pasáramos tiempo leyendo las Escrituras para ser limpiados «en el lavamiento del agua por la palabra» (Efesios 5:26).
¡Qué bendición es que Jesús haya prometido tomar nuestra vida inestable y desaliñada, y que nos presente sin mancha delante del Padre! Procuremos lucir cada vez más como hijos del Rey, al reflejar su cuidado y atención amorosos.
—Señor, gracias por la bendición de ser vestido de tu maravillosa justicia, y por tu promesa de presentarme sin mancha delante del Padre.
Para reflejar la presencia del Padre, debemos descansar en el Hijo.
jueves, 16 de enero de 2014
LA CARPA PEQUEÑA
Colosenses 1:1-12; 4:12
Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud. —Colosenses 1:19
Durante la histórica campaña de Billy Graham en Los Ángeles, en 1949, la gran carpa con capacidad para más de 6.000 personas estuvo repleta todas las noches durante ocho semanas. Cerca de allí, había otra tienda más pequeña, para consejería y oración. Cliff Barrows, director de música e íntimo amigo y colaborador de Graham durante muchos años, suele decir que la verdadera obra de evangelización tenía lugar en «la carpa pequeña», donde la gente se reunía y oraba de rodillas antes y después de cada reunión. Una mujer residente de esa ciudad, Pearl Goode, fue el corazón de aquellas reuniones de oración y de muchas que le siguieron.
El apóstol Pablo, en su carta a los seguidores de Cristo en Colosas, les aseguró que él y sus compañeros oraban siempre por ellos (Colosenses 1:3, 9). Al concluir, mencionó a Epafras, uno de los fundadores de esa iglesia, el cual «siempre [rogaba] encarecidamente por [ellos] en sus oraciones, para que [estuvieran] firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere» (4:12).
A algunos se les concede la tarea de predicar el evangelio desde una posición donde todos los ven: en «la carpa grande». Pero Dios nos ha concedido a todos, tal como lo hizo con Epafras y Pearl Goode, el gran privilegio de arrodillarnos en «la carpa pequeña» y, en oración, poner a otros delante del trono de Dios.
«La oración no es la preparación para el trabajo; es el trabajo en sí». —Oswald Chambers
martes, 14 de enero de 2014
MAS QUE SUPERVIVENCIA
1 Tesalonicenses 2:17–3:7
… Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor… —1 Tesalonicenses 3:6
En abril de 1937, las fuerzas invasoras de Mussolini obligaron a huir de Etiopía a todos los misioneros que trabajaban en la región de Wallamo. Allí quedaron 48 personas convertidas al cristianismo, que apenas tenían el Evangelio de Marcos para alimentarse espiritualmente. Incluso eran pocos los que sabían leer. Pero cuatro años después, cuando los misioneros volvieron, la iglesia no solo había sobrevivido, ¡sino que tenía 10.000 miembros!
Cuando el apóstol Pablo fue forzado a irse de Tesalónica (ver Hechos 17:1-10), anhelaba saber si había sobrevivido el pequeño grupo que había quedado allí (1 Tesalonicenses 2:17). Pero más tarde, cuando Timoteo visitó la iglesia de los tesalonicenses, le informó a Pablo, en Atenas, sobre la «fe y amor» de ellos (1 Tesalonicenses 3:6). Se habían convertido en «ejemplos» para los creyentes de las regiones vecinas de Macedonia y Acaya (1 Tesalonicenses 1:8).
Pablo nunca atribuyó el mérito del crecimiento de su ministerio ni a sí mismo ni a otros, sino que se lo concedió a Dios: «Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios» (1 Corintios 3:6).
Las circunstancias difíciles pueden frustrar aun nuestras mejores intenciones y distanciar amigos durante un tiempo, pero Dios hace crecer a su iglesia incluso en tales situaciones. Lo único que debemos hacer nosotros es permanecer fieles y dejar los resultados en manos de Él.
… edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. —Jesús (Mateo 16:18).
domingo, 12 de enero de 2014
EMPIEZA EL VIAJE
2 Pedro 1:5-11
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron… —2 Corintios 5:17
Hace 81 años, un muchachito de 9 oraba pidiéndole a Jesús que fuera su Salvador. La madre escribió estas palabras en un diario: «Hoy empieza algo nuevo para Clair».
Clair, mi padre, lleva ocho décadas caminando con Cristo, y señala aquel día en que tomó la decisión de seguir al Señor como el comienzo de su travesía. Crecer espiritualmente es un proceso de toda la vida, no un acontecimiento que ocurre una sola vez. Así que, ¿cómo alimenta su fe y sigue creciendo un creyente nuevo? A continuación, detallo algunas cosas que observé a través de los años en la vida de mi padre:
Lee las Escrituras habitualmente para conocer más a Dios, y ha hecho de la oración un componente diario de su vida (1 Crónicas 16:11; 1 Tesalonicenses 5:17). La lectura bíblica y la oración nos ayudan a acercarnos al Señor y enfrentar la tentación (Salmo 119:11; Mateo 26:41; Efesios 6:11; 2 Timoteo 3:16-17; 1 Pedro 2:2). A medida que entregaba su vida a la fe y la obediencia, el Espíritu Santo comenzó a desarrollar en él el «fruto del Espíritu» (Gálatas 5:22-23). Nosotros demostramos el amor de Dios a través de nuestro testimonio y servicio.
La travesía espiritual de mi papá continúa, y lo mismo sucede con la nuestra. ¡Qué privilegio tener una relación en la cual podamos crecer «en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Pedro 3:28)!
La salvación es el milagro de un momento; el crecimiento es la labor de toda la vida.
viernes, 10 de enero de 2014
VIVIR SIN PAN
Juan 6:25-35
Yo soy el pan de vida. —Juan 6:48
En las culturas donde abundan diversos alimentos, el pan ya no es una parte necesaria de la dieta, así que muchos deciden vivir sin él por varias razones. Sin embargo, en el siglo 1º, se lo consideraba un alimento básico. Una dieta sin pan era inconcebible.
Un día, una multitud buscó a Jesús porque había realizado el milagro de multiplicar unos panes (Juan 6:11, 26). Le pidieron que hiciera una señal como la del maná del cielo que Dios había provisto para su pueblo en el desierto (6:30-31; Éxodo 16:4). Cuando Jesús dijo que Él era «el verdadero pan del cielo» (Juan 6:32), la gente no entendió. Querían un pan literal. Sin embargo, Jesús estaba diciendo que había sido enviado para ser su pan espiritual: supliría sus necesidades espirituales diarias. Si por fe acudían a Él y aplicaban sus palabras y su vida a sus almas, experimentarían satisfacción eterna (v. 35).
Jesucristo no quiere ser un producto opcional en nuestra dieta; desea ser el elemento básico en nuestra vida, nuestro alimento «imprescindible». Tal como los judíos del siglo 1º no podían imaginar la vida sin el pan físico, no intentemos jamás vivir sin Cristo, ¡nuestro Pan espiritual!
Solo el Pan espiritual satisface al alma hambrienta.
jueves, 9 de enero de 2014
GRATITUD DE NIVEL DE POSTGRADO
Tal vez tu mama fue como la mía. Ni bien alguien me había
dado una galleta sentía que ella me daba un codazo al
costado y me susurraba, «Dí gracias.» Éste es un buen hábito
al cual acostumbrarse. Mi esposa y yo ahora les damos un codazo
a nuestros hijos con la instrucción de «Dí gracias.»
Así como es correcto decir «gracias,» lo que Dios desea es una
actitud agradecida que se adentre mucho más allá de la gratitud
superficial y verbal. La auténtica gratitud sobrepasa la obligación y
muestra que verdaderamente apreciamos lo que hemos recibido
de Él. Para entender este paso de madurez, volvamos al colegio.
Considera el siguiente plan de estudios y pregúntate en qué grado
estás:
El agradecimiento de nivel pre-escolar nos manda a ofrecer
«continuamente mediante El, sacrificio de alabanza a Dios, es decir,
el fruto de labios que confiesan su nombre» (Hebreos 13:15). En
efecto, le decimos a Dios, «Me ayudaste, y te lo agradezco. He
cumplido con mi obligación.» Es bueno que hagamos lo que se
exige a este nivel, pero no debemos esperar que fluya un montón
de gozo de nuestro agradecimiento superficial y mecánico.
El agradecimiento de nivel secundario es mejor. «Dad gracias en
todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo
Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18). En toda situación, tú y yo siempre
podemos tomar la decisión de ser agradecidos por algo. Si,
siempre. Esta gratitud sí produce gozo — en tanto que no estés
pasando por algo demasiado difícil.
El agradecimiento de nivel de postgrado lleva al verdadero gozo.
«Dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo, a Dios, el Padre» (Efesios 5:20). Esto va más allá del
curso de secundaria que busca encontrar un buen aspecto en una
circunstancia desafiante. Éste es el agradecimiento que confía en
Dios y que incluso está agradecido por las cosas que no
elegiríamos vivir. Es la gratitud que promete victoria en toda
circunstancia.
Cualquiera que sea nuestra situación, tú y yo, por fe, tenemos
que llegar al lugar donde permitimos que el Señor saque un
auténtico agradecimiento de nuestros corazones. Esto significa
verdadera gratitud por todo lo que Él permite en nuestras vidas.
Ese tipo de agradecimiento produce un gozo a tal profundidad que
no se puede experimentar de ningún otro modo. —JM
miércoles, 8 de enero de 2014
SOY INVISIBLE
Isaías 40:25-31
[El Señor] da esfuerzo al cansado… —Isaías 40:29
Mi amiga Jane dijo algo en una reunión de trabajo, y nadie contestó. Entonces, lo repitió, y tampoco obtuvo respuesta; sus compañeros simplemente la ignoraron. Se dio cuenta de que su opinión no importaba mucho. Se sintió desvalorizada e invisible. Tal vez tú también conozcas ese sentimiento.
El pueblo de Dios se sintió así como nación (Isaías 40). ¡Solo que los israelitas creían que era Dios quien no los veía ni entendía cuánto luchaban diariamente para sobrevivir! El reino del sur había sido llevado cautivo a Babilonia, y la nación exiliada se quejó: «… Mi camino está escondido del Señor, y de mi Dios pasó mi juicio» (v. 27).
Si bien Isaías estaba de acuerdo en que, comparadas con Dios, «… las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas…» (v. 15), también quería que el pueblo supiera que Él da poder a los débiles y fortaleza a quienes la necesitan (v. 29). Y agregó que si esperaban en el Señor, Él les renovaría las fuerzas. Levantarían vuelo con alas como las de las águilas; correrían y no se cansarían (v. 31).
Cuando te sientas invisible o desvalorizado, recuerda que Dios te ve y se interesa por ti. Espera en Él, y te dará nuevas fuerzas.
Aunque no percibamos la presencia de Dios, su cuidado amoroso siempre nos rodea.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)