miércoles, 16 de octubre de 2013
EL AMOR ES LO QUE MAS IMPORTA - 1ra. PARTE
“…QUE ANDÉIS EN AMOR…” (2 Juan 6)
Porque Dios es amor, ¡amando es como nos parecemos más a Él! Desde la perspectiva de Dios, la vida sin amor no tiene valor. Pablo escribió: “Si yo
hablara lenguas humanas y angélicas… y no tengo amor, nada soy” (1 Corintios 13:1,2). Y el amor no se puede aprender en la soledad. Tienes que estar con la gente – gente irritante, imperfecta y frustrante. A veces actuamos como si las relaciones fueran algo que ha de estar apretujado en nuestro horario. Hablamos
de buscar tiempo para nuestros hijos, o hacer un hueco para aquellos que nos importan. ¡No es así! Jesús resumió lo que más importa con dos declaraciones
poderosas: “Amarás al Señor tu Dios… y… a tu prójimo…” (Mateo 22:37,39).
Las relaciones, y no las cosas, son lo que realmente importa. De manera que, ¿por qué seguimos permitiendo que nuestras relaciones sean lo menos importante? Porque cuando nuestras vidas se sobrecargan, empezamos a recortar racionalmente el tiempo, la energía y la atención que las relaciones amorosas requieren. Nos preocupamos demasiado de ganarnos la vida, pagar las facturas y lograr nuestros objetivos, como si estos fueran el propósito de nuestra vida. ¡No lo son! El propósito de nuestra vida es aprender a amar – a Dios y a los demás. ¡La vida menos el amor es igual a cero! La madre Teresa de Calcuta dijo: “No es lo que haces, sino cuánto amor pones en ello lo que importa”.
El amor es el secreto de un patrimonio duradero. En nuestros momentos finales todos nos damos cuenta de que las relaciones son la esencia de la vida.
La sabiduría es aprender esa verdad cuanto antes. ¡No esperes hasta que sea demasiado tarde para darte cuenta de eso!
lunes, 14 de octubre de 2013
BELLÍSIMA POR DENTRO
Romanos 8:1-11
… el ocuparse del Espíritu es vida y paz. —Romanos 8:6
Es una casa bastante sencilla junto a una carretera muy transitada. Al carecer de rasgos distintivos, es fácil no prestarle atención. Pero el otro día, cuando pasé por allí, vi un cartel en el jardín: «Se vende», al cual estaba pegado otro aviso más pequeño que anunciaba con agrado: «Es bellísima por dentro». Aunque no tengo interés en comprar otra casa, el cartel me llamó la atención. ¿Qué podría convertir esta casa supuestamente intrascendente en bellísima por dentro?
También me llevó a preguntarme: ¿Podría ese cartel aplicarse a nosotros como seguidores de Cristo? Piénsalo. Sin importar cuál sea nuestro aspecto exterior, deberíamos tener una belleza interior que revele el amor de Dios y su obra en nuestra vida?
¿Qué dice la Biblia sobre la belleza interior? Podemos empezar con Romanos 7:22: «Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios». Algunos versículos más adelante, en Romanos 8:6, Pablo habla de una mente controlada por el Espíritu, caracterizada por tener «vida y paz». En Gálatas, vemos que permitir que el Espíritu controle nuestro ser interior producirá el «fruto del Espíritu» (5:22), un hermoso racimo de cualidades, tales como amor, gozo, paz, paciencia y benignidad.
Deleitarnos en las Escrituras y permitir que el Espíritu obre en nuestro corazón nos hará bellos interiormente… y dará como resultado una vida que honra a Dios.
La rectitud de corazón produce belleza de carácter.
sábado, 12 de octubre de 2013
LA INSPIRACION DE LOS FIIPENSES
“Gracias a mis cadenas, ahora más que nunca la mayoría de los hermanos, confiados en el Señor, se han atrevido a anunciar sin temor la palabra de Dios.” Filipenses 1:14
Hoy la mayoría de los chicos en Argentina quieren ser como Messi, meter dos o tres gambetas, un par de goles y llenarse de dinero y fama. Y muchos padres alientan a sus hijos a hacerlo para salvarse de por vida. Claro, todos ven hoy los millones que el muchacho embolsa por mes, y solo consideran eso como inspiración para alcanzar. Pero no miden los costos realizados, ni las chances de fracasar que tuvo. De todas maneras, creo que todos en algún momento de la vida, soñamos con un minuto de gloria y aplauso.
Cuando crecemos un poco, nuestros objetivos a imitar se reducen o limitan. Nuestra inspiración se ve socavada por la realidad perdedora que marca nuestras vidas comunes y que nos encasilla en la media generalizada. Difícilmente logremos destacarnos en algo. Somos uno más del curso que estudia, somos uno más en el trabajo, somos uno más en el equipo, pero nunca la estrella.
Entonces, limitamos nuestros sueños a nuestros fracasos y bajamos los brazos. ¿Quién fue el último que te inspiró para hacer algo grande y maravilloso? Tal vez tengamos que escarbar mucho en la memoria para responder esto. Cuando leía este pasaje, me maravillo la simpleza y la grandeza de los cristianos de Filipo.
Ellos estaban motivados. Eran unos leones predicando el evangelio. Una iglesia explosiva y creciente. No tenían multimedia, ni pagina WEB, no tenían grandes músicos, ni predicadores famosos, no tenían campañas publicitarias ni genios gráficos. Tenían solamente dos cosas:
Tenían pasión por Jesucristo, estaban encantados de ser cristianos y agradecidos por la salvación. Los perseguían, se quedaban sin trabajo, los golpeaban en las esquinas, pero ellos estaban enamorados de Jesucristo.
Lo segundo que tenían era una inspiración gigantesca en Pablo. Un predicador que había estado en su ciudad un tiempo corto, y que estaba preso. Visto de esta manera, no era ejemplo de nada. Sin embargo, para ellos era una motivación enorme verlo y querían imitarlo.
No se preocupaban por el auto de moda, por la remera de marca, por el partido de Fútbol. Su obsesión era Jesucristo e intentan imitar a quien los inspiraba: el apóstol Pablo. Pasaron dos mil años, y la pregunta es obligada. ¿Tu hoy inspiras a alguien a seguir a Jesucristo? ¿Motivas a alguien para que ame y se enamore de Cristo?
REFLEXIÓN – Ellos imitaban a Pablo, ¿ Y tu a quien inspiras?
miércoles, 9 de octubre de 2013
DESAFÍO PELIGROSO
Lectura: 2 Crónicas 20:1, 15-22
… no es vuestra la guerra, sino de Dios. —2 Crónicas 20:15
Mientras millones de personas miraban por televisión, Nik Wallenda cruzaba las Cataratas del Niágara sobre un cable de 540 metros de largo y solo unos 13 centímetros de diámetro. Tomó todas las precauciones posibles, pero además del drama y del peligro de la altura y las aguas rugientes, una espesa niebla le dificultaba la visión, el viento le complicaba el equilibrio y el rocío que levantaba la catarata le impedía afirmar bien los pies. En medio de estos peligros (y quizá debido a ellos), confesó que «oró mucho» a Dios y lo alabó.
Los israelitas también alabaron a Dios en medio de un desafío peligroso: un grupo numeroso de guerreros se había reunido para pelear contra ellos (2 Crónicas 20:2). Después de pedirle humildemente ayuda al Señor, el rey Josafat designó a un coro para que marchara delante del ejército israelita. Estos adoradores cantaban: «Glorificad al Señor, porque su misericordia es para siempre» (v. 21). Cuando empezaron a cantar, Dios hizo que las fuerzas enemigas se atacaran y destruyeran entre sí.
Alabar a Dios en medio de un desafío tal vez signifique dejar de lado nuestros instintos naturales. Tendemos a protegernos, preocuparnos y aplicar estrategias; sin embargo, la adoración puede proteger nuestro corazón de los pensamientos inquietantes y la dependencia propia. Nos recuerda la lección que aprendieron los israelitas: «… no es [nuestra] la guerra, sino de Dios» (v. 15).
No importa qué esté por delante, Dios siempre está por detrás de nosotros.
lunes, 7 de octubre de 2013
¡CRISTIANO, HAZLO A LA MANERA DE DIOS!
“TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE” (Filipenses 4:13)
Este versículo tan citado no significa que puedas hacer todo lo que quieras, ni tampoco lo que otros hacen. No, Pablo dijo que puedes hacer cualquier cosa que Dios te ha asignado que hagas, porque con la tarea viene también la capacidad. De hecho, este versículo te enseña a mantenerte dentro de los límites de lo que Dios te ha llamado a hacer y a no intentar de embarcarte en cosas que no son parte de su voluntad para ti. Eso no es negativamente; ¡es sabiduría divina!
Dios quiere que le mires a Él para encontrar respuestas, no a los demás. Eso no significa que no puedas aprender de otros, sino que el plan que te va a llevar al éxito ¡tiene que provenir sólo de Dios! Él tiene un plan único para ti. Acéptalo, si no, ¡vas a vivir en frustración constante!
Juan dijo: “No puede el hombre recibir nada a menos que le sea dado del cielo” (Juan 3:27). Lee los versículos anteriores; algunos de los discípulos de Juan el Bautista se estaban preocupando porque Jesús bautizaba también, y las multitudes le estaban dejando a Juan y yéndose en masa a Jesús. Si Juan no hubiera estado seguro en su propia identidad y de su llamado, hubiera podido sentir temor, celos y competencia. ¡Pero no Juan! No, él manifestó una actitud distinta, una que todos debemos apropiar. Escucha: “No puede el hombre recibir nada a menos que le sea dado del cielo. Por eso, mi gozo está completo” (Juan 3:27,29). ¡Lo mismo cuenta para ti también!
¿ERES HOSPITALARIO?
“HOSPEDAOS LOS UNOS A LOS OTROS SIN MURMURACIONES” (1 Pedro 4:9)
Cierta familia que tenía invitados a cenar le pidió a la hija de 5 años que diera las gracias. Perpleja, la niña preguntó: “¿Qué voy a decir?”. Su madre le respondió: “Simplemente di lo que yo digo siempre”. Así que, inclinando la cabeza, la niñita oró así: “Señor, ¿pero por qué tuve que invitar a esta gente a cenar?”.
Seamos sinceros, ¡la hospitalidad es un trabajo duro! ¡Requiere sacrificio! A pesar de todo, debes hacerlo “…sin murmuraciones…” (1 Pedro 4:9), cordialmente y con gentileza, sin quejarte, representándolo a Él. ¿A quién? ¡A Dios! Eso cambia las cosas, ¿verdad? Pablo escribió: “…practicad la hospitalidad” (Romanos 12:13). Pedro escribió: “Hospedaos… [hospedad... con afecto fraternal... a huéspedes desconocidos... a los extranjeros, a los pobres y a todos los demás]” (1 Pedro 4:9). ¿Has invitado a cenar a algunas personas desconocidas, extranjeros, o gente pobre recientemente?
Hace poco, cierto hombre hizo una encuesta en las iglesias y escribió a un columnista de consejos espirituales, diciendo: “De las ciento noventa y cinco iglesias que visité, sólo -aparte del encargado de dar la bienvenida- me dirigieron la palabra en una, ¡y eso fue para pedirme que quitara los pies de en medio!”. Es fácil brindar hospitalidad a personas que conoces, pero Jesús dijo:
“Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?” (Mateo 5:46). Entonces, ¿qué hay de aquellos que no conoces, y de los que no encajan en tu círculo social? Claro que puedes encontrar excusas… estás demasiado ocupado, no quieres involucrarte, y te sientes incómodo con los desconocidos. Pero Dios dice que eres su representante; eso significa:
(a) Sacrificar tu agenda personal
(b) Dar de tu tiempo y de tu dinero
(c) Aventurarte con gente que no conoces, o que ni siquiera te gusta
(d) Ver a otros con los ojos del Señor.
Así que, ¿eres hospitalario?
domingo, 6 de octubre de 2013
EL REGALO DE LA PRESENCIA
Juan 11:14-27
Y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. —Juan 11:19
Hay dos lecturas en principio sobre este tema: 1)La presencia consoladora,alguien comentó: Hace varios años, cuando empecé a trabajar como gerente de recursos humanos de una empresa, asistí al funeral de un empleado de larga data al que nunca había conocido. Los compañeros de trabajo de este albañil lo querían mucho; sin embargo, solo unos pocos fueron a ver a la viuda. Escuché que alguien trataba de consolarla diciendo que muchas personas no se acercan porque tienen miedo de decir o hacer algo que entristezca más a los familiares.
No obstante, en momentos de angustia, las personas casi nunca recuerdan lo que decimos. De lo que más se acuerdan es que estuvimos allí. Los rostros conocidos brindan una fortaleza indescriptible y consuelan frente a los profundos sentimientos de pérdida que uno experimenta. Este «regalo de la presencia» es algo que todos somos capaces de ofrecer, aunque no sepamos qué decir o nos sintamos incómodos.
Marta y María estaban rodeadas de amigos y dolientes que las consolaban cuando murió su hermano Lázaro (Juan 11:19). Más tarde, Aquel a quien más deseaban ver, Jesús, llegó y lloró con ellas (vv. 33-35). La gente exclamó: «Mirad cómo le amaba» (v. 36).
Ante cualquier clase de pérdida, Cristo siempre nos consuela con su presencia, y nosotros podemos compartir en gran medida su compasión mediante el simple regalo de acompañar con nuestra presencia a los que sufren. A menudo, el mejor consuelo es estar presente.
Y 2)Lo que más impacta es la declaración de ésta mujer verso 21 "Si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto" En esa ocasión y debido a sus limitaciones Jesús no podía todavía estar en todos lados al mismo tiempo (aunque no dejó de resolver ningún problema que se le presentara), sólo que quizás tenían que tener un poco de paciencia. Repito, Marta le dice: "Si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto" Qué está diciendo? Está dando a entender la importancia de la presencia de Dios en nuestra vida, familia y hogar..., y cuando digo presencia, no hablo de cuadros, estatuas, Biblias o estampitas, estoy hablando de la presencia gloriosa del Espíritu Santo en Espíritu y verdad, como Él prometió " El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él(Juan 14:21)". Asegurémonos de tener la presencia del Señor en nuestras vidas siempre para no sufrir pérdidas de ningún tipo. Gracias a Dios.
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